MAESTROS DE LA FOTOGRAFÍA. STEPHEN SHORE

STEPHEN SHORE

Es el autor que más ha influído a generaciones de fotógrafos en las últimas décadas. Su retrato de una América inarticulada y homogénea, alienante y conmovedora, rompió moldes hace más de treinta años y sigue tan fresco como entonces.

Nació en 1947 en el seno de una familia judía neoyorquina. Desde muy joven comenzó su aventura fotográfica. Siendo apenas un adolescente de catorce años solicitó una entrevista con el entonces director de fotografía del MOMA (Museum Of Modern Arts) de Nueva York, el mítico fotógrafo Edward Steichen. Si bien, con quien establecería amistad sería con el sucesor de Steichen, John Szarkowski.

Aunque la formación de Shore fue autodidacta, se puede decir que tuvo dos grandes mentores, el propio Szarkowski y Andy Warhol, el rey del Pop art y creador de The Factory, donde el joven Shore se divertía de lo lindo.

Tras unos inicios dedicados al blanco y negro, Shore comenzó a utilizar el color en 1971. Según Stephen, «El color amplía la paleta de una fotografía y añade a la imagen un nuevo nivel de información descriptiva y transparencia. Una fotografía en color es más transparente porque quien la contempla se detiene menos en la superficie. Y es que las personas estamos acostumbradas a ver el mundo en color. Posee además un nivel descriptivo adicional, porque muestra el color de la luz y los tonos de una cultura o una época».

Durante marzo de 1972 Shore emprende un viaje hacia el sur en el que recorre más de cien ciudades del país. Su objetivo, tomar instantáneas de la vida que sucedía allí. De ese viaje surge American Surfaces, una obra vilipendiada por la crítica de la época, y que marcó su evolución posterior.

A modo de diario personal, va recogiendo instantáneas de la vida cotidiana y de los objetos que la enmarcan.

Y American Surfaces termina siendo una exploración de la cultura popular norteamericana, donde la mirada de Shore penetra en el mundo ordinario con fina ironía y ternura.

A partir de 1974 Shore comienza a trabajar en el que sería su proyecto más ambicioso, y que surgiría en formato libro en 1982, Uncommon Places.

El cambio de formato de cámara, de una Rollei 35 mm en American Surfaces, a una cámara de 4×5, le hace ver un mundo nuevo de posibilidades. Enseguida se dota de una cámara de placas de 8×10 que le hace trabajar de una manera más pausada y reflexiva. Con las ampliaciones conseguidas de las placas de 8×10, el nivel de detalle en sus fotografías se muestra en todo su esplendor, haciendo partícipe al espectador de todo el universo escondido en cada rincón de la obra.

A mediados de la década de 1970, Shore participa en lo que se denominó el grupo de New Topographics. Su trabajo se vería representado en una exposición colectiva del grupo, donde el paisaje alterado por el hombre para el desarrollo industrial y la expansión de las ciudades, son retratados en un intento de mostrar de lo que somos capaces en aras del desarrollo.

La labor docente de Stephen Shore se resume en su libro Lección de fotografía. «Una fotografía es estática, mientras que el mundo es un fluir constante en el tiempo. Cuando ese flujo se interrumpe pulsando un obturador, se delinea un nuevo significado, un significado fotográfico.»

Y para finalizar, no puedo estar más de acuerdo con esta frase suya: «El fotógrafo, más que componer una imagen, la resuelve«.

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